Continuación de la reseña tomo I
En « Don Quijote II » que salió diez años después de la publicación de la novela original, Cervantes modifica la imagen del protagonista. Al recomenzar don Quijote sus andanzas en la segunda novela, los nuevos personajes que salen a su encuentro ya lo conocen porque han leído acerca de él en la primera. Don Quijote se ha convertido en figura literaria - es decir, en el invento de otros que lo « reconstruyen » según sus expectativas. El poder creador es precisamente lo que imbuye al ser humano de dinamismo. Sin inventar, el individuo languidece. Don Quijote se mantiene su imaginación sigue activa. Mientras que en la novela de 1605 don Quijote proyecta su voluntad generando así aventuras, en la de 1615 otras personas, deseosas de divertirse con él, empiezan a idear situaciones maravillosas para hacerlo actuar. Por ejemplo, en el capítulo que se incluye aquí, el duque y la duquesa inventan que un mal encantador ha hecho que a la condes Trifaldi y a sus damas les salgan barba; para devolverlas a su estado natural, don Quijote tendrá que llegar al reino de Candaya a lomos de Clavileño, un famoso caballo que vuela - que es, en realidad, un figura de madera que los duques han construido para la ocasion.
El don Quijote de la segunda parte de la novela es menos cómico que el de la primera. Provoca la compasión más que la risa. Cervantes mantiene el tono humorístico de la obra, pero el foco de la comicidad a menudo es Sancho, quien ocupa un lugar más central. Como antes, el humor es casi siempre bufonesco - malentendidos absurdos, violencia descabellada, comentarios jocosos y disparatados - pero no sirve necesariamente para hacer avanzar nuestra noción de la perspectiva personal y única de don Quijote.
Uno es los episodios más importantes del libro de 1615 es el que relata las experiencias de Sancho como gobernador de una « insula ». Est segmento, que revela el sentido de justicia y magnanimidad del escudero, lo convierte en un personaje de dimensiones intelectuales y espirituales más profundos de lo que habíamos sospechado.
En el últomo episodio de la novela, don Quijote renuncia al sueño utópico. Al volver a su aldea, observa tristemente que Dulcinea no aparece. La ausencia de la amada señale el fin de la ilusión que ha dado sentido a la vida de don Quijote. Pero si el ingenioso caballero no logra crear la utopía por la cual ha luchado, no fracasa por completo. Como Cervantes muestra en episodio tras episodio, la perfección es inalcanzable, y por lo tanto, el idealista está destinado a frustrarse. Sin embargo, don Quijote triunfa en el sentido de que logra crear su propia identidad.