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Cómo disfrutar de la vida y el trabajo (Spanisch) Taschenbuch – 3. Januar 2012


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Produktbeschreibungen

Über den Autor und weitere Mitwirkende

Dale Carnegie nació en Missouri en 1888. Escritor y conferenciante, fue el fundador del Dale Carnegie Institute, una organización internacional dedicada a la educación empresarial. Entre sus obras destaca Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, uno de los libros de negocios y autoayuda más importantes de todos los tiempos. Carnegie falleció en 1955.

Leseprobe. Abdruck erfolgt mit freundlicher Genehmigung der Rechteinhaber. Alle Rechte vorbehalten.

1
 
ENCUÉNTRATE Y SÉ TÚ MISMO; RECUERDA QUE NO HAY NADIE EN EL MUNDO COMO TÚ
 
Tengo una carta de la señora Edith Allred, de Mount Airy, Carolina del Norte. Esta carta dice: “Cuando era niña, era sensible y tímida en extremo. Siempre pesaba demasiado y mis mejillas me hacían parecer todavía más gruesa de lo que era. Tenía una madre chapada a la antigua que creía que era una locura procurar que las ropas embellecieran. Decía siempre: ‘La casquivana cosecha lágrimas’. Y me vestía en consecuencia. Yo nunca iba a fiestas, nunca me divertía y, cuando fui al colegio, nunca me reunía con otros niños en actividades exteriores, ni siquiera deportivas. Era tremendamente tímida. Sentía que era ‘distinta’ de todos los demás y que no gozaba de ninguna simpatía.
 
“Cuando llegué a mayor, me casé con un hombre que me llevaba varios años. Pero no cambié. Mi familia política era muy equilibrada y dueña de sí misma. Era todo lo que yo debía haber sido y no era. Hice lo posible para parecerme a ellos, pero no pude. Cualquier intento de salir de mi cascarón no hacía más que meterme más en él. Me convertí en un ser nervioso e irritable. Huía de los amigos. Llegué a estar tan mal que temblaba en cuanto sonaba el timbre de la puerta. Era un fracaso. Lo sabía y tenía miedo de que mi esposo lo comprendiera. Siempre que estábamos en público procuraba mostrarme alegre y exageraba mi papel. Me daba cuenta de ello y pasaba después unos días muy tristes. Finalmente, me sentí tan desdichada que no veía motivo para prolongar mi existencia. Comencé a pensar en el suicidio.”
 
¿Qué sucedió para que cambiara la vida de esta desgraciada mujer? ¡Una simple observación casual!
 
La señora Allred prosigue: “Una observación casual transformó toda mi vida. Mi suegra hablaba un día de cómo había educado a sus hijos y dijo: ‘Sucediera lo que sucediera, yo siempre insistía en que fueran ellos mismos.’ ¡Que fueran ellos mismos! Esta observación realizó la obra. En un relámpago, comprendí que me había hecho una desgraciada por tratar de adaptarme a un patrón que no me servía.
 
”¡Cambié de la noche a la mañana! Comencé a ser yo misma. Traté de estudiar mi propia personalidad. Traté de averiguar qué era. Estudié mis puntos fuertes. Aprendí cuanto pude acerca de colores y estilos y me vestí de un modo que comprendía que me sentaba bien. Salí en busca de amigos. Ingresé en una sociedad —en una pequeña al principio—, y quedé aterrada cuando me incluyeron en un programa. Pero cada vez que hablaba mi valor aumentaba un poco. Hizo falta bastante tiempo, pero mi felicidad es hoy mayor de la que juzgué posible jamás. Al educar a mis propios hijos, siempre les he enseñado la lección que aprendí a tanta costa: suceda lo que suceda, tenemos que ser siempre nosotros mismos”.
 
El Dr. James Gordon Gilkey dice que este problema de querer ser uno mismo es “viejo como la historia y tan universal como la vida humana”. Y este problema de no estar dispuesto a ser uno mismo es la fuente oculta de infinidad de neurosis, psicosis y complejos. Angelo Patri ha escrito trece libros y miles de artículos para periódicos sindicados sobre el tema de la educación infantil y escribe: “Nadie es tan desgraciado como el que aspira a ser alguien y algo distinto de la persona que es en cuerpo y en alma”.
 
El ansia de ser algo que no se es se manifiesta de modo muy acentuado en Hollywood. Sam Wood, uno de los directores de Hollywood más conocidos, dice que el mayor quebradero de cabeza que tiene con los jóvenes actors aspirantes es exactamente este problema: hacerles ser ellos mismos. Todos quieren ser una Lana Turner de segunda o un Clark Gable de tercera. Y Sam Wood les dice una y otra vez: “El público ya conoce eso; ahora quiere otra cosa”.
 
Antes de que comenzara a dirigir películas como Adiós, Mr. Chips y Por quién doblan las campanas, Sam Wood pasó varios años en el negocio de inmuebles, desarrollando personalidades de vendedores. Declara que ha de aplicarse en el mundo del cine el mismo principio que en el mundo de los negocios. No se va a ninguna parte con el espíritu de imitación. No se puede ser un papagayo. Sam Wood dice: “La experiencia me ha enseñado que lo más seguro es abandonar cuanto antes a las personas que tartan de ser lo que no son”.
 
Pregunté a Paul Boynton, jefe de personal de la Socony Vacuum Company, cuál es el error más grave que cometen los que solicitan trabajo. Es un hombre que debe saberlo; ha atendido a más de sesenta mil solicitantes y ha escrito un libro titulado Six Ways to Get a Job (Seis modos de obtener un empleo). Y este hombre me contestó: “El error más grave que cometen las personas que solicitan trabajo es no ser ellas mismas. En lugar de dejar las cosas al natural y ser completamente francas, frecuentemente dan las contestaciones que ellas creen que uno quiere”. Pero esto no da resultados, porque nadie quiere un farsantón. Nadie quiere nunca moneda falsa.
 
La hija de un tranviario tuvo que aprender esta lección de un modo muy duro. Quería ser cantante. Pero su rostro era su desdicha. Tenía una boca muy grande y dientes salientes. Cuando cantó por primera vez en público —en un club nocturno de Nueva Jersey—, trató de bajar el labio superior para ocultar sus dientes. Trató de estar “encantadora”. ¿Cuál fue el resultado? Que hizo el ridículo. Iba directamente al fracaso.
 
Sin embargo, había en aquel club nocturno un hombre que oyó cantar a la joven y que dijo que allí había talento. De modo liso y llano encaró a la joven y le dijo: “Mire, he estado observando su actuación y me doy cuenta de lo que trata de ocultar. ¡Usted tiene vergüenza de sus dientes!”. La joven quedó muy turbada, pero el hombre aquel continuó: “¿Qué le importa? ¿Es un crimen acaso tener dientes salientes? ¡No trate de ocultarlos! Abra la boca y el público le tendrá simpatía cuando vea que usted no se avergüenza”. Y añadió sagazmente: “Además, esos dientes que trata usted de ocultar pueden ser su fortuna”.
 
Cass Daley aceptó el consejo y se olvidó de sus dientes.  Desde entonces, sólo pensó en los auditorios. Abrió la  boca sin miedo y cantó con tanto gusto y placer que llegó a ser una de las grandes estrellas del cine y de la radio. ¡Y muchos artistas trataron de imitarla!
 
El famoso William James hablaba de hombres que nunca se habían encontrado a sí mismos cuando declaró que el hombre medio desarrolla únicamente el diez por ciento de su capacidad mental...

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